El estreno de un clasico de disney ‘La Dama y el Vagabundo’ vida real

Mucho se ha hablado sobre la necesidad de los remakes en imagen real de los clásicos de Disney, de si esta actualización estropean a las películas originales. Pero bastante menos sobre cómo las plataformas de streaming como Netflix o, desde ahora, la recién estrenada en España Disney+, han demolido los límites de lo que hasta ahora considerábamos lisa y llanamente una “película para televisión”. Películas como 6 en la sombra o Triple Frontera de Netflix, sin ir más lejos, han aportado entretenimiento firmado por primeros nombres de la industria en un género más o menos adulto y que hasta hace no tanto era una presencia constante en cines.

La Dama y el Vagabundo es ambas cosas. Por un lado, un remake del clásico original de Walt Disney de 1955 . Esta película para la televisión es bastante notable, ya que, tienen perros de protagonistas; fruto aquí de una mezcla constante de imagen real y tecnología digital. Su combinación es excelente en ocasiones y en otras, efectivamente, crea una sensación inquietante en el espectador deseoso de detectar “fallos” en esa transición, sin que la inmersión en la imagen sintética haya sido tan ambiciosa como en una película técnicamente apabullante como El Rey León de Jon Favreau.

Nada de eso quita para que la película de Charlie Bean, un animador profesional de la casa que accede aquí a su primer largometraje, funcione razonablemente bien y agrade en términos generales. La música de Joseph Trapanese (Oblivion) aporta convicción, la película tiene algún apunte de humor adecuado y la reproducción de unos EEUU de época y totalmente multirracial agrada por su indisimulada idealización. Uno, como comprenderán, tampoco puede criticar la falta de realismo social de una película de perros que hablan.

La Dama y el Vagabundo es consciente en todo momento de estar replicando los aciertos de un título anterior, y aún así decide jugar las bazas de un entretenimiento de corte clásico, sin comentarios irónicos o bromas al espectador. Y está realizada con la profesionalidad que uno espera de un estudio como Walt Disney. Los actores están bien (en especial Thomas Mann, todo un dibujo animado caracterizado de Jaime) y el cuento resulta ágil tanto en sus pasajes cómicos como en los dramáticos o aventureros. Un pero contundente: las canciones no funcionan como en el original, lo que distancia la película de los mejores títulos de la reciente oleada de remakes Disney, dejándola sin embargo a una correcta altura.

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